PUEBLO VIEJO DE MEQUINENZA

"El poble patia, des de feia molts anys, d’una mala ferida. Gent forastera, arribada de tot arreu, construïa una presa per tallar el riu; volien dominar-lo, lligar-lo per fer electricitat, i l’aigua de l’embassament havia de colgar el poble i l’enterraria per sempre més."Jesús Moncada
Històries de la mà esquerra

“Las primeras rojeces del alba treparon el muro que bordeaba el Ebro desde los laúdes amarrados en los muelles silenciosos y se pegaron lentamente a las texturas ásperas de las casas, protegidas por la vertiente de la sierra dominada por el castillo.”

A finales de la década de los cincuenta y principios de los sesenta se construyeron varios embalses en el curso del río Ebro para el aprovechamiento hidrológico de sus aguas. Esto conllevó que la antigua Mequinenza quedó sepultada bajo las aguas del río que le había visto crecer durante milenios. Los mequinenzanos  abandonaron todos sus recuerdos y tuvieron que luchar para trasladarse a una nueva población: la nueva Mequinenza.

“Pilastras y paredes maestras se resquebrajaron bruscamente; un estruendo ensordecedor en el que se mezclaban el crujido de jácenas y vigas, el desplome de escaleras, suelos, tabiques y bovedillas, el estallido de cristales y una rotura de ladrillos, tejas y mosaicos, retumbó por la Bajada de la Herradura mientras la casa se derrumbaba irremediablemente.”

Aunque las aguas del embalse no inundaron el pueblo por completo, sí negaron gran parte de sus terrenos más fértiles y una parte importante de la población. Finalmente se consiguió una indemnización para los vecinos y se derribó el pueblo por completo a excepción del edificio de las antiguas escuelas denominado Grupo Escolar “María Quintana” que hoy es la sede de los Museos de Mequinenza. Fue un momento dramático para muchos de sus vecinos, que además de tener que dejar atrás sus recuerdos y presenciar cómo desaparecían para siempre las casas en que habían nacido, habían visto como con el paso de los años también se derrumbaba una economía basada en la industria, la minería del carbón y la manufactura textil, apoyada por la navegación fluvial por el Ebro con el Camino de Sirga.

Jesús Moncada ubicó en este espacio la mayoría de sus novelas y cuentos, pero quizás es “Camino de Sirga” donde se relata especialmente este episodio que marcó para siempre el recuerdo de los vecinos de aquella Mequinenza.

Pueblo nuevo de Mequinenza.

Mequinenza renació de nuevo debido a la tenacidad y el esfuerzo de sus habitantes a orillas del río Segre. La nueva población es mucho más moderna y turística, y se ha convertido en un referente mundial del turismo deportivo y recibiendo visitantes de todo el mundo. Mequinenza también destaca por su naturaleza, con una de las grandes con influencias fluviales de la Península Ibérica y por su oferta cultural diversa y variada. Curiosamente, las calles de la nueva Mequinenza no tienen nombres propios porque el proyecto de la nueva población se hizo de manera apresurada. Las calles se pasaron a denominarse “Calle A”, “Calle B” y “Calle C” sucesivamente, nombres que aún perduran hoy a la nueva población.

El Pueblo Viejo se ha reconvertido en el Parque de la Memoria “Jesús Moncada” un espacio donde se han recuperado las calles y algunos puntos emblemáticos de la antigua Mequinenza como por ejemplo la iglesia o la casa natal de Jesús Moncada. Los Museos de Mequinenza además ofrecen una Ruta Literaria sobre la obra de Moncada y la antigua Mequinenza. Un lugar que se ha convertido en un espacio donde pervive para siempre el recuerdo de todos los mequinenzanos.